15 d’octubre del 2020

Carta abierta a Educación: dejen las aulas para l@s alumn@s!

Avui compartim aquesta carta oberta escrita pel pare d'un alumne de la nostra escola. 

Esperem que el missatge arribi, s'entengui i es comparteixi!

Mireu que macos, els espais, i que bé s'ho passen les criatures: fotos.

Gràcies, Toni!


CARTA AL DIRECTOR DE SERVEIS TERRITORIALS 

DEL DEPARTAMENT DE EDUCACIÓ

  

Mi nombre es Antonio Soto.

Entre otras cosas, posiblemente dos de las más importantes que puedo reseñar (si no las más importantes) a la hora de presentarme es que soy padre de un niño de poco más de dos años y nueve meses, y pareja de su madre, Sonia.

Después de muchas vueltas, nuestro camino nos ha llevado recientemente (apenas hace tres meses de nuestra mudanza) a residir en Cerdanyola del Vallès, y a mi hijo a ser nuevo alumno de L’Escola Les Fontetes, ubicada en dicha población.

Como todo padre o madre, la educación de mi hijo es algo que nos preocupa y nos concierne profundamente, y siempre buscamos el mejor lugar donde nuestros hijos puedan crecer, desarrollarse y aprender.

Mi chico lleva por tanto muy poco tiempo formando parte de l’escola, sin embargo, tanto su madre como yo hemos podido constatar varias cosas en este corto espacio de tiempo:

·         Mi hijo tiene una naturaleza bastante introvertida y tímida, lo cual convierte desde siempre la entrada al colegio en un trago complicado.  Pasada la primera semana en el cole, mi hijo no solo no llora cuando le dejamos, sino que entra con una sonrisa de oreja a oreja (Gracias Mónica, Carol y Ana).

·         Les Fontetes es un maravilloso ejemplo de diversidad. Los niños que allí estudian, así como sus padres, probablemente tienen diverso origen, cultura y procedencia.  Esto para mí nunca ha supuesto un problema, más bien al contrario, lo considero riqueza y oportunidad en lo que se refiere a la educación de mi hijo.

·         En base al punto anterior, considero que el trabajo de integración y desarrollo que los docentes de Les Fontetes realizan para La Comunidad, si ya de por sí por su condición de docentes es absolutamente fundamental, en este caso lo es aún más.

·         He tenido ya la oportunidad de conversar con familias profundamente implicadas en la educación de sus hijos. Familias de barrios humildes a las que sus muchas ocupaciones diarias no les impiden comprometerse con la escuela y las Asociaciones de Familias de Alumnos.

Por todo lo anterior y alguna cosa más que no voy a reflejar por no extenderme, me sorprendió enormemente la noticia de que el Departamento de Educación pretende convertir un espacio fundamental para la enseñanza, la formación y el disfrute de los peques, en oficinas.

Me sorprendió aún más teniendo en cuenta esta etapa que estamos viviendo, inmersos en medio de una pandemia mundial, que ha generado una situación de crisis sanitaria y económica devastadora.

Si alguna lección podemos sacar de esta pandemia es la importancia fundamental que supone la labor de todas las personas que se dedican cada día a cuidarnos. A nuestros mayores, nuestros enfermos, nuestras personas dependientes o nuestros niños (sí, enseñar es cuidar). Por supuesto, para que puedan desarrollar esta vital actividad, es nuestra obligación como Sociedad proveerles del mejor espacio y de los mejores instrumentos para llevar a cabo su tarea.

Me parece absolutamente incomprensible que, cuando queda más clara que nunca la necesidad de que nuestros hijos y nuestros profes tengan el mayor espacio posible y las mayores facilidades a nuestro alcance para desempeñar su labor, cumpliendo al mismo tiempo con las medidas sanitarias en una época particularmente compleja, La Administración esté pensando en recortarles ese espacio.

Me parece intolerable que, habiendo alternativas viables para el emplazamiento de las oficinas (me consta que se han propuesto alternativas), se pretenda cerrar aulas de un colegio público. Aulas en las que, por cierto, nuestros niños y niñas desarrollan actividades fundamentales para su desarrollo y que están perfectamente acondicionadas para estos menesteres. Despojar a alumnado y profesorado de su uso para albergar oficinas supondría desmontar unas instalaciones que ha costado mucho acondicionar para ellos, y cuya utilidad es imprescindible para los docentes. Pregunten a nuestros maestros y maestras.

Decían que de esta crisis saldríamos mejores, más concienciados, más conscientes de la importancia de todos aquellos que desarrollan ocupaciones que nos conciernen a todos. Empezando por los sanitarios, que cuidan de los cuerpos, y acabando por los profesores, que protegen y cultivan las mentes. No obstante, contemplo con pesadumbre que no hemos aprendido nada. Que todos los que deben de protegernos siguen desprotegidos, que de los aplausos en los balcones no queda ni el eco en las cabezas.

Sin más, ruego como padre, pero sobre todo, como ciudadano, que reconsideren su decisión y permitan que nuestra escuela siga contando con esos espacios para que sigan viendo crecer, jugar y soñar a nuestros niños y niñas, pues fue el propósito para el que fueron creadas.

Por último, me pongo a su disposición para ayudar en todo lo posible a encontrar una alternativa viable que no suponga despojar a nuestra escuela de dichas aulas.

Atentamente,

Antonio Soto.


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